Monday, July 31, 2017

El avion de cuero

ORÍGENES DEL CUENTO “EL AVIÓN DE CUERO”
Joel ha existido y vivió en una casita de muescas a orillas de un camino real que unía el caserío de Chaquil con el pujante distrito de Huambo; una casita pintoresca de un piso más una buharda que los huayachos llamamos “El Alto”.
El alto o “altillo” era el dormitorio en las viviendas antiguas en cuyo descansillo es imposible sostener un avión por pequeño que este sea.  Es que, el avión de cuero nunca existió aunque se haya convertido  en el cuento huayacho más conocido, gracias a la pluma magistral de nuestro querido amigo, el ingeniero Julián Arista, quien le ha dado el toque literario a esta gran creación popular huambina. Yo voy a ofrecerles una historia novelada de lo que pasó en realidad. La verdad histórica.

La primera vez que aterrizó un avión en la provincia Rodríguez de Mendoza fue el año 1952: un monomotor llamado “Santa Catalina”.
El día que se anunciaba la llegada del esperado avión a la capital provincial, medio pueblo de Huambo caminó dos horas para llegar al aeropuerto de San Nicolás. Entre esta muchedumbre estaba Joel con sus amigos, los músicos de la banda donde él era el bombero predilecto.
Y, como estaba previsto, por la tarde, el avión hizo su aterrizaje temerario. El buen Joel no perdió de vista tamaña hazaña ni un segundo; ni siquiera parpadeaba, para no perder detalle alguno. Así era él, un observador de las maravillas del universo. Le era suficiente el espectáculo del mundo para ser feliz: poseía aquella dulce inocencia de la que gozan las personas con habilidades diferentes, como se dice hoy,  aquella pureza que bien justifica la frase puesta en boca de Jesús, “dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”
Joel tuvo la experiencia más dichosa aquella tarde: Observó aquel aparato misterioso por todos los ángulos posibles; aún se tiraba al suelo para mirarle la panza. Y es verdad: el piloto, contagiado de la dicha que solo esta gente angelical puede enseñar, le hizo conocer hasta los interiores de la máquina voladora. Por de pronto, nadie imaginó lo que más tarde esto iba a generar y cuanto iba a costarle a Joel su la memorable aventura.
En efecto, al regresar a Huambo, la tropa iba hilvanando los cuentos y los chistes consabidos de los huayachos. Los amigos de Joel empezaron a bromearle, sin malas intenciones; exageraban todo lo que él había hecho en el aeropuerto, insinuando que las tantas vueltas y la menuda atención que había dado al avión, ese afán de palparle con ambas manos, decían,  no era otra cosa que la intención de construir una réplica de semejante aparato, posiblemente en madera o cuero, los materiales que él dominaba en el arte de fabricar los escabeles, los capachos y su propio bombo.
Estoico, aguantó Joel toda la chanza y las bromas a cuya cuenta el viaje se hizo más llevadero por los antiguos caminos de herradura, ásperos y fragosos como los describía  Mogrovejo.
Y pasaron los días hasta casi haber olvidado, todos en el pueblo de Huambo, la jocosa ocurrencia.
Pero, andando los días de la vida que vienen y van sin dejar penas ni glorias para muchos, no pasaron  así para Joel, a quien el destino tenía reservado un lugar para su nombre en la lista de los llamados a la eternidad: Un joven licenciado del ejército llegó al distrito de Huambo, pueblo que mantenía su calidad de primer centro comercial y cultural de la provincia.
Aquel joven vino cargando en su morral un importantísimo libro titulado: “Música, para el tercer año de secundaria”. Con este portento del saber (que contenía toda la instrucción para organizar una banda musical con instrumentos de viento y percusión, lectura de pentagramas, etcétera, etcétera), la orquesta de Huambo pudo alimentar sus conocimientos.
El ex soldado, convertido en instructor,  se quedó a vivir en el pueblo y cogió mucho cariño a Joel. Por eso, alentó mucho a su nuevo amigo para llevar a cabo el proyecto de fabricar un bombo de guerra, tal como se ilustraba en el libro, para el desfile del 28 de Julio.
En el humilde taller que funcionaba en el primer piso de su idílica casita, Joel, el artista, el carpintero y ebanista, músico de percusión, maestro del tambor y del bombo, construyó a perfección un soberbio bombo de guerra.
 Algunos amigos venían a observar su trabajo. Todos contentos, también su novia, una bella huayachita, quien empezó a quedarse para dormir en su “Alto”, a donde se subía  por una  escalera de cinco metros,  fabricada por él mismo, como también él mismo había construido un sinnúmero de artefactos y artilugios de comodidad  que ahí tenía.  .
Pero; el día del desfile, sucedió algo inesperado para Joel: Una potente carcajada salió de un grupo de espectadores donde estaba incluido un mal amigo, aquel pretendiente fallido de la bella huayachita que ahora vivía con Joel.
-¿Ya ven?- decía una voz- ¡Ha construido su avión de cuero!
La comparación del enorme bombo de guerra con un avión venía por el tamaño descomunal del instrumento musical- ¡un metro y medio de diámetro!-confeccionado por el artista según el modelo, claro.  Y dado que el bombero, el mismo Joel, era de baja estatura, la escena era realmente   jocosa;   tanto,  que  los  muy   pendejos aprovecharon  para llamarle, de una vez, “su avión de cuero”.
Por muchos días nuestro buen Joel sufrió el chacoteo de los amigos, soportando las burlas noblemente; pues era realmente un ángel, un niño adulto, inocente, pero no tanto como para construir un avión con pretensiones de volar.
Y pasaron los días. Y como el tiempo cura todo mal en el alma, pronto iba cayendo en el olvido también este incidente.
                  Sin embargo, para parir algo, la suerte y el empeño van de la mano. Para suerte de los chacoteros que envidiaban a Joel por lo de su novia bonita que a la postre era ya su compañera, una tarde de sábado veranero, al morir el día, en un trabajo de drenaje en las ciénagas del valle, cuando el patrón arengó a los obreros entre los cuales se hallaba el artista, ofreciéndoles más trago para hacerles trabajar hasta la noche porque tenían que terminar la “pilanconeada”, Joel se opuso. Dijo que él no puede quedarse porque tenía que asistir esa misma noche como músico en el distrito vecino de Santa Rosa. El patrón le gastó unas bromas y fingió no darle permiso para partir. Joel, le replicó diciendo que sus compañeros de la banda de músicos le esperan para la caminata, que ya le estarán dejando. El patrón fingió endurecerse; entonces, airado, Joel, tiró al suelo la pala con que estaba trabajando, agarró sus cosas, y se dispuso a marcharse… Cuando algún carajo le mandó esta Chanza:
-¿Por qué te preocupas de la caminata, si tú tienes tu avión de cuero? Anda, levanta el vuelo y llega a delante de tu patota.
Las carcajadas salieron sin control. Y desde entonces ya fue cobrando fuerza la graciosa ficción del avión de cuero fabricado en Huambo, gracioso elogio para un pueblo digno de mucha loa por la inteligencia y creatividad de su gente.
El remate, para dar forma al famoso cuento, vino otra noche.
Joel tuvo que asistir, con su bombo, en una fiesta de  compadrazgo que se daba en Calohuayco, un caserío no muy lejano de su casa.
Aquella noche, se quedaba sola en el nidito de amor, nada menos que su flamante compañera, esperando su regreso, cuando él vendría “picadito” y podrían hacer cositas lindas al amanecer. Se despidieron luego de la cena y Joel partió hacia las alturas de la colina donde se asienta aquel caserío desde los tiempos del virreynato
A eso de la once de la noche, cuando todos dormían en el caserío de Chaquil, el osado y antiguo pretendiente de la compañera de Joel, subió por la escalera y tocó la puerta del “Alto”. Ella, como se acostumbra en huayabamba, dijo:
-¿Quién?
-Yo- respondió el astuto visitante, sin decir su nombre.
Ella, como se acostumbra en Huayabamba, sin saber muy bien quien era, abrió la puerta. El intruso halló pretexto para abrir conversación y luego intentar entrar a los espinosos temas de los escarceos prohibidos. Y cuando la noche se hacía más oscura, como el alma del traicionero, un raro sonido bramaba en las escaleras por donde éste había subido una hora antes. Eran las vibrantes notas de un bombo que brotaban en secos acordes del instrumento que Joel golpeteaba contra las muescas, al no poder casi trepar por la rústica escalera. Borracho y molesto por que la fiesta no había prosperado en Calohuayco a causa de una riña de los compadres, el noble bombero regresaba temprano a su dulce hogar.
Cuando el intruso salió del dormitorio intentando escapar sin ser visto por Joel, lo encontró colgado  del último peldaño de la escalera, con su bombo a la espalda bamboleándose de un lado a otro,  en dura batalla para no sucumbir. Entonces, el intruso, temeroso de ser descubierto, puso en práctica una mala idea: sarandeó la escalera hasta hacerla desprender de las manos del pobre Joel, que en la penumbra de su embriaguez, solo alcanzó escuchar el grito de su amada que lo vio caer estrepitosamente, junto con su bombo, rompiéndose una costilla en el batán donde a veces ella misma había triturado el café tostado.
Al día siguiente, un domingo muy alegre en el espacioso mercado de abastos de Huambo, a donde acudían por centenares los lugareños de toda la provincia, para disfrutar de los ricos postres y bocaditos huayachos, como la humintilla, el pan con dulce, los confites… se escuchaba por todos los rincones una bufonada chacotera difundida por el propio traicionero:
-Joel tuvo un grave accidente: ¡ha fracasado con su avión de cuero!
-¿El bombo?
-Ja, ja, ja… le empujaron del “Alto”
-Ja, ja, ja… habrá querido ponerlo a volar… Avión de cuero… ¡ ja, ja, ja…!
-su mujer lo ha habrá empujado…Ja, ja, ja…
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